Duelo migratorio

La migración no es sólo ganancias y beneficios, sino también tensión, estrés y pérdida. En la inmigración todos experimentamos, por cierto, cada uno en distinto grado, un proceso de duelo, el llamado duelo migratorio. Tan diferentes son las personas, como tan diferentes son las formas de manejar el proceso del duelo migratorio, como así la forma de adaptación cultural en el país de destino. Este proceso de duelo se basa en una variedad de pérdidas vividas, experimentadas y sufridas por el migrante en el nuevo país de acogida  y  a lo que tiene que hacer frente en última instancia, como: duelo por la pérdida de la familia biológica y el círculo de amigos; la pérdida de la lengua y la cultura; la pérdida del hogar y el estatus socioeconómico; duelo por la pérdida de la etnia como referencia, y muchos más.

 

Es importante destacar que todos nuestros sentimientos (tristeza, ansiedad,  nostalgia, preocupación, anhelos, etc.) que se manifiestan durante el proceso del duelo migratorio, deben ser tomados en serio y aceptados y de ninguna manera restarles importancia. También es deseable y necesario que el nuevo entorno, el compañero/ la compañera, entiendan y comprendan el proceso del duelo migratorio, para que de esa forma puedan apoyar y acompañar al compañero/ a la compa ñera. Cuando el proceso de duelo es bien manejado y superado, entonces se puede estar abiertos a lo nuevo, a la nueva cultura.

 

El exitoso manejo y la duración del proceso de duelo dependen, entre otras cosas, de la propia personalidad, del carácter, de la edad y convicciones. Pero tambíen va a depender si se  viene de una sociedad agraria, del estatus socioeconómico que se tiene y como se posiciona ante el país anfitrión, pero también como se comporta el país anfitrion frente al emigrante mismo, etc.

La inmigración también tiene ventajas  la gente que no se sienten cómodos en su país de origen y no tienen una buena relación con la familia de origen. Para ellos no es tan difícil de manejar el duelo migratorio. Ellos se alegran y esperan un nuevo comienzo en el país receptor. Porque aquí ven más oportunidad para estructurar su propia vida de nuevo y crear relaciones satisfactorias y positivas. A través de su inmigración pueden fortalecerse y aprender a vivir sus vidas de manera independiente y autónoma.

 

Conclusión: El proceso de duelo en la inmigración es parte de nuestro proceso de aprendizaje y de nuestro crecimiento y desarrollo personal. Esto ayuda a hacer frente a la adaptación cultural y la integración en el país de acogida. Por tanto, podemos crear un cambio positivo con nuevas perspectivas y posibilidades. Esto supone que el medio ambiente y el país anfitrión también nos apoyen en este proceso y no obstaculicen nuestra integración cultural (por ejemplo las Leyes de extranjería, racismo, poíiticas relativas a la emigración, etc.).

 

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